TESTIGOS DE LA FE - PRIMERA PARTE



El día 2 de febrero de 1936, el vecino de Orihuela José García Cabrera, con domicilio en la Calle Colón N° 3, publicó la hoja de propaganda pre-electoral, que a continuación trascribimos del archivo del Ayuntamiento de Orihuela

 LA COMISIÓN HISTÓRICA
UNA ESTADÍSTICA QUE NADIE PUEDE CONTRADECIR"
Más de un millón y medio de fusilamientos
Después del pacto electoral de los socialistas y comunistas, las izquierdas burguesas están prisioneras de los que querían hacer lo mismo en España:
  • Estamos decididos a hacer en España lo mismo que se ha hecho en Rusia” (Del periódico “El Socialista”)
  • El plan del socialismo español y del comunismo ruso es el mismo” (Del periódico “El Socialista”)
  • En el mitin comunista del “Gran Price” de Barcelona, uno de los oradores, Antonio Mizé dijo: “El pacto de los comunistas con la izquierda ha sido dictado en Moscú".

    ESTADÍSTICA QUE NO PUEDE SER NEGADA POR NADIE
    Fusilamientos que hizo Rusia durante el terror rojo, desde el final de la revolución del año 1917 a últimos del año 1925.
    En este tiempo fueron fusilados:
    • 25 obispos, 1.215 eclesiásticos, 6.375 maestros, 8.800 médicos, 60.000 soldados,
    • 10.000 agentes de policía, 48.000 policías, 19.850 funcionarios,
    • 344.250 intelectuales, 813.000 campesinos, 192.000 obreros, 54.850 oficiales
    • El número total fue, pues, de 1.760.565 fusilamientos.
    Haciendo un promedio, resulta que cada año fusilaron a 283.510 ciudadanos.
    Es decir, cada día durante seis años, fusilaron 777 ciudadanos. Cada hora, durante seis años, día y noche, fusilaron a 32 ciudadanos. Cada dos minutos, durante seis años, día y noche, sin interrupción, sin descanso, fusilaron a un ciudadano. Esta es la ejecutoria del Comunismo. Esta es la ejecutoria que querían para ellos los que constituyeron con las izquierdas burguesas el frente popular. Lo repiten en los mítines, y lo ha escrito “El Socialista”:
    "ESTAMOS DECIDIDOS A HACER EN ESPAÑA  
    LO MISMO QUE SE HA HECHO EN RUSIA"

    TESTIGOS DE LA FE - SEGUNDA PARTE

    “Estamos decididos a hacer en España, lo mismo que se ha hecho en Rusia”.


    Recuerdan nuestros lectores que la página "Testigos de la Fe - Primera Parte" terminaba con esas palabras entrecomilladas, y publicadas por el periódico "El Socialista" de aquella época. Basta recurrir a cualquier Hemeroteca para encontrar colecciones del citado periódico, y escritos del mismo estilo.


    Ateísmo militante:

    En Rusia durante setenta años se persiguió a la Religión, estaba prohibido hablar de Dios, se había impuesto por decreto el ateismo, era la Ciudad sin Dios. En España se infiltró el virus venido de la Unión Soviética, y quisieron imitar el estilo de aquel falso “Paraíso” del que el conocido Che Guevara dijo que “era un camelo”. En nuestras escuelas, los niños eran obligados a entrar en clase diciendo puño en alto: “No hay Dios”, y el profesor contestaba, “nunca lo hubo”. Todo lo que olía a Dios o a la Religión era perseguido y destruido. Los nombres de pueblos con título de santos eran cambiados por nombres soviéticos, así San Fulgencio se llamaba “UKRANIA DEL SEGURA”. El grito de “¡Viva Rusia!” era el preferido por muchos ciudadanos en lugar de vitorear a España.

    Unas cifras de España:

    De este modo, durante la II República, se fraguó el odio a Dios y a la Religión, en una nación de tanta raigambre religiosa y cristiana.

    Así el año 1934, durante la revolución de Asturias fueron asesinados 34 sacerdotes, y del año 1936 al 1939, fueron muertos despiadadamente 12 obispos, 4.184 sacerdotes diocesanos, 2.367 religiosos, 283 religiosas y 43 seminaristas. Total: 6.923.

    La cantidad de fieles laicos, de católicos ejemplares de todas las profesiones que fueron vilmente masacrados, supera a la de los sacerdotes y consagrados.
    Nosotros, de nuestra Diócesis en una primera lista, hemos elegido para la beatificación, a 54 sacerdotes y 17 fieles laicos entre los que se encuentra un seminarista de 21 años.

    Todos ellos fueron perseguidos y “asesinados por ODIO A LA FE”, como recordaba el historiador y periodista Dr. Don Cesar Vidal en su artículo en el periódico “La Razón” del 9 de julio de 2003.

    Unos testimonios:

    El historiador español Don Salvador de Madariaga escribió: “Los revolucionarios llevaban meses ensañándose con la Iglesia y sus sacerdotes. Nadie que tenga a la vez buena fe y buena información, puede negar los horrores de la persecución”.

    El periódico francés L´Illustration de 5 de febrero de 1938 publicaba: “Su carácter antirreligioso es precisamente lo que desencadenó un vandalismo destructor contra esas obras de arte. Las degradaciones, mutilaciones, profanaciones no son debidas a ninguna acción de guerra... Los vándalos no han obrado por un inconsciente y brusco frenesí. Han recibido órdenes de los comités”.

    H. Thomas escribió: “Posiblemente en ninguna época de la historia de Europa y del mundo, se ha manifestado un odio tan apasionado contra la religión y cuanto con ella se encuentra relacionado”.

    “La persecución de la Iglesia Católica, escribió G. Payne, fue la mayor jamás vista en Europa occidental, incluso en los momentos más duros de la Revolución francesa”.

    G. Jackson escribe: “Los primeros tres meses de la guerra fueron el periodo de máximo terror en la zona republicana. Las pasiones republicanas estaban en su cenit. Los sacerdotes fueron las principales víctimas del gangsterismo puro”.

    ¿Por qué...?

    Una ambición internacional, una filosofía, una doctrina social equivocada predicada por agentes extranjeros, engañaron a las masas españolas, lanzando a personas sencillas a una lucha que creían de éxito seguro y definitivo. Da profunda pena pensar que hombres de buen corazón en tiempos de normalidad, se transformaron en auténticas fieras para sus vecinos, parientes y antiguos amigos. Mucho e intenso veneno les debieron inocular, para sufrir el cambio tan radical que les llevó a perder respeto a lo más sagrado y a renegar de todo el patrimonio de fe y sanas costumbres heredadas de las familias, en el ambiente de pueblos sanos y sencillos.

    Lejos de nosotros dar juicios drásticos sobre actuaciones de los perseguidores y asesinos, sólo Dios sabe la verdad. Nosotros en esta sucesión de relatos, iremos dando a conocer los hechos y circunstancias de la muerte violenta de nuestros heroicos cristianos, teniendo por seguro de que en el cielo, verdugos y víctimas, en muchos casos, estarán unidos en la alabanza a Dios que sabe y puede sacar bienes de los aparentes males de esta tierra.

    Han pasado más de 70 años.

    Rogamos que los lectores que observen inexactitudes en el relato de la historia de cada mártir (teniendo en cuenta que no podemos ser exhaustivos), o que conozcan detalles no declarados en nuestra publicación, tengan la bondad de comunicarnos sus conocimientos y correcciones, con la seguridad de que serán tenidos en cuenta. Vaya por delante nuestra gratitud.

    SIERVO DE DIOS JOSE MIRALLES AYALA



    Nacido en Novelda,  fueron sus padres José Miralles Abad y Josefa Ayala Hernández. Desde edad muy temprana manifestó su inclinación al sacerdocio, siendo sus aficiones favoritas construir artísticos altarcitos o ayudar a Misa cuando apenas podía cambiar el misal, por su pequeña estatura y limitadas fuerzas.

    A los 11 años ingresó como alumno interno en el Seminario de San Miguel, de Orihuela, captándose el afecto de profesores y condiscípulos. Su aplicación (sobresaliente en todas las asignaturas), iba unida a su innata bondad y disciplina.

    Prendados los profesores de sus cualidades y finalizados los cuatro primeros cursos, fue enviado a Roma para que continuara sus estudios en el Pontificio Colegio Español de San José y Universidad Gregoriana, doctorándose tras brillantes ejercicios en Filosofía, Teología y Derecho Canónico.

    El 21 de marzo de 1931, recibió la Ordenación Sacerdotal de manos del Emmo. Cardenal Rafael Merry del Val, Secretario de Estado del Papa San Pío X. Días más tarde, en la Capilla del Pontificio Colegio Español, sobre el sepulcro del Papa San Aniceto, cantó su Primera Misa, con alegría y consuelo de sus padres presentes en el acto.

    Tras su regreso a España, cumplidos sus deberes militares, el Prelado D. Javier Irastorza, admirado de su formación y talento, le nombró Cura-Arcipreste de la Parroquia de San Pedro de Novelda. Y aquí comenzó el calvario de nuestro jovencísimo sacerdote.

    Por una parte, se encontró ante dificultades sociales y políticas agravadas desde 1931, con la supresión de la enseñanza religiosa y actos públicos del culto (procesiones), privación de ayuda económica, etc. Por otra, la Regencia de la Parroquia de San Pedro de Novelda, con sus veinte sacerdotes incardinados y multitud de problemas pastorales, requería una experiencia de la que el novel sacerdote, a pesar de su ciencia y buena voluntad, carecía. A pesar de ello, afrontó y resolvió no pocos problemas.

    Su bautismo de fuego fue el problema de la Entrada y Procesión de la Santa, suprimidas o dificultadas por el alcalde. El cura se desplazó a la capital, se entrevistó con el gobernador y consiguió autorización para dichas celebraciones.

    Un poeta anónimo versificó lo sucedido:

    Hubo en esta población
    una grande algarabía,
    pues el alcalde quería
    prohibir dicha Procesión.

    Ante semejante «orden»
    nadie podrá desmentir,
    que era, en vez de prevenir,
    crear un serio desorden.

    Nuestro buen cura salió
    para nuestra capital,
    y al gobernador, leal,
    el caso, pues, le contó.

    Sublime mentalidad
    fue la del cura Miralles,
    y la Santa, por las calles,
    paseó por la ciudad.

    La entrada se celebró.
    ¿No se había de celebrar...?
    Y en la Iglesia y en su Altar
    su regio puesto ocupó.

    La Ley Constitucional amparaba al sacerdote.

    Como era muy experto en la Legislación Social, en no pocas ocasiones, operarios, cuyos derechos laborales no eran respetados, acudieron al Sr. Miralles, quien les asesoraba debidamente y acompañaba ante los correspondientes organismos, consiguiendo con asombro que se les hiciera justicia. Dichas gestiones le acarrearon dificultades en ciertas alturas.

    Fundó en la parroquia la Acción Católica.

    Trasladado por el Sr. Obispo a Orihuela, fue nombrado Coadjutor de la Parroquia de Santa Justa, más como su vocación no era la parroquia fue desligado de ella para aceptar importantes cargos en el ámbito Diocesano. Fue Vice-Director de la Acción Católica Diocesana, Director del Secretariado de instrucción Religiosa, Oficial Archivero de la Curia, Profesor del Seminario y V. Administrador del Acervo Pío Diocesano.

    En unión de algunos sacerdotes, delegados por sus prelados, recorrió varias naciones para el estudio de sus medios apostólicos y realidades sociales. Al regreso fueron recibidos por S.S. Pío XI, quien le otorgó la facultad de impartir la bendición Papal en algunas ocasiones. Tal era el afecto que le profesaba.

    Tras el 18 de julio, fue detenido y llevado a la Curia Diocesana para que entregara los documentos y bienes eclesiásticos. El Sr. Miralles exigió la presencia del Notario, levantándose acta de lo entregado; y conservando copia de la misma. Sus enemigos no le perdonaron, encarcelándole posteriormente durante varios meses en el Colegio de Jesús y María convertido en cárcel (1).

    Tras una aparente y efímera libertad, el 22 de octubre de 1936 un numeroso grupo le esperaba ante la casa de una familia de Novelda, donde estaba refugiado.

    Al encontrarse ante ellos, con una entereza y valentía admirables, les declaró ser hijo de obreros cuyos derechos decían defender, presentándose como sacerdote al que ellos buscaban, y dispuesto al martirio que le abriría las puertas del Cielo.

    Los verdugos, haciéndole subir a un carruaje, le condujeron por la carretera de Alicante a una cuneta entre Albatera y Crevillente, siendo vilmente asesinado (2). Su cadáver, inhumado en el cementerio de Crevillente, fue más tarde trasladado al de Novelda donde reposa. Temporalmente ocupó la cripta junto a la Cruz de los Caídos.

    Gracias a sus acertadas gestiones el acta notarial, providencialmente conservada, sirvió de base para recuperar en su día los valores sustraídos. El que fue Rector del Seminario de Roma, y posteriormente Obispo de Barbastro, D. Jaime Flores, recordaba siempre con gran cariño a su inolvidable y perfecto seminarista, D. José Miralles. ¡Descanse en paz!

    (1) El tristemente célebre “Pincelito” autor de tantos asesinatos de sacerdotes, decía: “Solo me duele haber matado a un Cura de la Mancebería” (Don José).

    (2) Decía asimismo otro de sus verdugos: “No creo en los santos, pero si hay uno es él”.

    SIERVO DE DIOS SILVINO PRATS SEMPERE



    Vicario de la Parroquia de Castalla


    Don Silvino nació el 3 de enero de 1899 en Onil, Diócesis de Valencia y Provincia de Alicante.

    Fue bautizado el 4 de enero de 1899 en la parroquia de Santiago Apóstol de Onil y Confirmado el 6 de octubre de 1900 en la parroquia de Onil.

    Hijo legítimo de Silvino Prats Payá y de Silvia Sempere Mira. Tenía 37 años en la fecha del asesinato.

    Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Valencia, y recibió en la misma ciudad el Orden Sacerdotal el 24 de junio de 1928.

    Fue nombrado coadjutor de Castalla el día 1 de julio de 1928. Realizó un apostolado constante y eficaz entre los niños y jóvenes de esa parroquia. Era modesto y tenía muchas virtudes sacerdotales.

    Cuando fue detenido, aún era considerado coadjutor de Castalla.

    El día 8 de marzo de 1936, con ocasión de un movimiento popular en Castalla, para celebrar el resultado de las elecciones del 16 de febrero, se le detuvo y encarceló 24 horas, y luego trasladado a Alicante acusado ante el gobernador civil, como enemigo de dos obreros. Dicha autoridad le obligó a salir de la provincia. Fijó su residencia en Valencia, y de acuerdo con el Señor Arzobispo, fue agregado a la Parroquia de San Nicolás hasta el 22 de julio de 1936 en que se trasladó al pueblo de Agres. Al día siguiente de su llegada a Agres, fueron detenidos los dueños de la masía (Don José Payá Alonso de Medina y el hijo Miguel) en donde buscaba refugio; pensó regresar a Valencia, pero en el trayecto de la masía a la estación de ferrocarril, fue denunciado como sacerdote por una mujer, ante dos milicianos que lo condujeron detenido ante el Comité revolucionario de dicho pueblo. El Comité de Agres, pidió información telefónicamente al de Castalla, requiriendo éste la entrega del sacerdote a través del Comité de Alcoy.

    Encarcelado en Castalla el 24 de julio, por ruegos de su madre se lo entregaron al Comité de Onil, que lo encarceló. Pocos días después enfermó y por dictamen médico, el Comité accedió a que saliera de la prisión y residiera en el domicilio de un pariente que era miembro destacado del Comité, que a su vez, lo entregó a los milicianos de la localidad la noche del 29 de septiembre.

    A las tres de la mañana del día 29 de septiembre de 1836, llamaron al domicilio del aludido pariente cuatro milicianos pidiendo que Don Silvino Prats les acompañara para realizar unas diligencias ante el Comité, que no hicieron. Luego, obligado a subir en un coche y acompañado de cinco milicianos, enfilaron la carretera de Alicante, se apearon en el kilómetro 15 entre la Venta de Tibi y la de Llémena. En este lugar, y junto a un pino fue obligado el sacerdote a levantar los brazos y comenzaron a dispararle a las manos y pies primero, después contra distintas partes del cuerpo, dejando a salvo el corazón y la cabeza. Su ficha en el Archivo Nacional, Causa General, habla de más de cien tiros de pistola, otros informes dicen que fue "cosido a tiros". Quisieron entrenarse con él para futuros martirios. En todo este tiempo fue objeto de toda clase de malos tratos y sufrimientos, burlas y chacotas.

    La agonía fue lenta. Sus palabras fueron ruegos despreciados, para que no le mataran. Es cierto que dijo: "Non mateu, tots soms germans" (no me matéis, que todos somos hermanos). Se mantuvo firme en la fe, rechazando en todo momento apostatar.

    El cadáver, de primeras, fue llevado al cementerio de Tibi, y después, acabada la guerra, el 5 de noviembre de 1939 fue inhumado con otros 18 cadáveres en el panteón de los Caídos de Onil. 

    El 22 de diciembre de 2002, fueron trasladados a la Parroquia de Santiago Apóstol e inhumados en una hornacina abierta en la capilla del "Senyor Robat".

    "Cosido a tiros, todavía con la sangre caliente, caído de rodillas y con las manos juntas, quiso la providencia del Señor que pasara ante él mi madre. En los minutos en que paró el autobús en el que viajaba, estremecida de dolor al reconocerlo, le ofreció a Dios el próximo hijo "para que ocupara el lugar de Don Silvino y no se acabaran los sacerdotes". Ese "próximo hijo" es el sacerdote que escribe estas líneas. Mi vocación y mi ministerio están marcados por la sangre y martirio del Siervo de Dios Silvino". (Don José Antº Berenguer Cerdá, sacerdote de nuestra Diócesis)

    SD JUAN DE DIOS PONCE Y POZO, Administrador Apostólico

    Es nuestra intención dar a conocer a nuestros lectores la figura gigante del Siervo de Dios, el Ilmo. y Rvmo. Sr. Don Juan de Dios Ponce y Pozo, Canónigo y Párroco de San Nicolás de Alicante y a la vez, Administrador Apostólico, Sede Plena, de la Diócesis por enfermedad del Dr. Dn. Francisco Javier Irastorza y Loinaz.

    Nos ha parecido proceder por partes, empezando por la detención y muerte de este grupo sacerdotal presidido por el que hacía las veces de Obispo en la Diócesis con todos los derechos (Sede plena).

    Resumimos lo escrito por Monseñor Espinosa Cayuelas, testigo de excepción, que conoció y convivió con este Siervo de Dios.


    Nació el 18 de noviembre de 1878, de padres modestos y piadosos, en la ciudad de Guadix (Granada), en cuyo Seminario, en temprana edad siguiendo el lla­mamiento divino, cursó los años de Latín y al­guno de Filosofía con notable aprovechamiento.

    En 1893 fue enviado al Pontificio Colegio Espa­ñol de San José de Roma donde, asistiendo a la Universidad Gregoriana, estudió Filosofía, Teo­logía y Derecho Canónico, doctorándose en las tres facultades.

    Rico de ciencias y de virtudes regresó a la Patria en 1902, donde sucesivamen­te fue Capellán de religiosas; Párroco de Santa Ana y Santiago de Guadix; Canónigo simple, Lectoral y Doctoral de su Ca­tedral; Rector del Semirtario, Provisor del Obispado y Vicario General.


    Por enfermedad del Obispo de Orihuela Monseñor Irastorza y Loinaz, obtenida de la Santa Sede dispensa de dos años de residencia, fue nombrado Administrador Apostólico, Sede plena, sin carácter episcopal, el 12 de septiembre de 1935, de cuyo cargo se posesionó en forma sencilla el 29 de octubre del mismo año; y poco después lo hizo de la Abadía del Cabildo Colegial de Alicante en virtud, asimismo, de nombramiento apostólico.


    Apenas se podrán encontrar reunidas las cua­lidades que deben adornar a un buen superior con más plenitud como en el Sr. Ponce y Po­zo: humildad, discreción, sencillez, espíritu de sacrificio, generosidad para con el po­bre y afabilidad para con todos, fueron sus notas características.

    Nada de extraño que durante el corto período que estuvo al frente de la Diócesis se captase generales simpatías, que la alabanza de su nombre pasase de boca en boca y que su memoria haya quedado en bendición.


    Le sorprendió el Movimiento Nacional del 18 de julio en Orihuela, donde permaneció más o menos oculto en varias casas; pero haciéndose su situación cada vez más peligrosa, a juicio de sus ocultantes, y a fin de no comprometer a nadie, optó por trasladarse en octubre de 1936, disfrazado, a Barcelona, donde esperaba conseguir algún salvoconducto para el extranjero.


    Descubierto en la estación de Novelda por un guardia de asalto que había sido sacristán en San Antolín de Murcia, fue encarcelado en aquella misma ciudad, desde donde, poco después,  trasladado a Orihuela, recorrió una dolorosa odisea hasta quedar recluido con otros nueve sacerdotes en la prisión preventiva del distrito, Colegio de Jesús y María.

    Acerca de su com­portamiento en la cárcel dice un testigo presencial: “... Cuando habla, no es el maestro que enseña sino el amigo que consuela y fortalece. Casi siempre trata del martirio, de su eficacia y poder expiatorio. Y siempre termina sus exhortaciones sencillas y amenas con estas palabras: “¡Qué felicidad! ¡De la carretera al Cielo!”.


    Dios escuchó sus ansias de martirio. A las doce de la noche del 30 del noviembre del funesto año 1936, bajo pretexto de prestar una declaración en Alicante, fue sacado de la prisión con los otros nueve sacerdotes por un grupo de forajidos, que se decían agentes de la autoridad, e inmediatamente en sucia camioneta fueron conducidos a las proximidades del cementerio de Elche, ante cuyas paredes fue­ron ejecutados a tiros de fusil. 

    Al recibir el aviso el señor Administrador y observar el espectáculo exclamó: «Por algo no podía conciliar el sueño esta noche»; y después dijo al compañero inmediato: «Ruegue a Dios por nosotros». Las diez víctimas fueron ordenadamente sepultadas por el piadoso conserje de dicho cementerio.


    El día 9 de julio del año de la Liberación, 1939, los restos mortales de estos diez héroes, juntamente con cuatro más extraídos de diversos cementerios, fueron trasladados a Orihuela, por cuyas calles fueron conducidos en imponente manifestación de duelo, presidida por el Excmo. Señor Obispo de la Diócesis y demás autoridades hasta el cementerio, donde recibieron honrosa sepultura.

    En el mes de noviembre del citado año, una comisión de personalidades venidas de Guadix, solicitó en debida forma los venerados restos del señor Administrador colocados en el panteón del Cabildo, que una vez les fueron entregados, condujeron cual precioso tesoro a la mencionada ciudad, siendo inhumados en su Catedral.


    A continuación, el escrito del Rvdo. Don Manuel Mira, hasta su muerte párroco de La Matanza (Orihuela), testigo directo del momento de la selección de las víctimas. Fue publicado en la revista “Mater Clementísima” del Colegio español de San José de Roma, a instancias de Monseñor Espinosa Cayuelas.

    Dos frases comprobadas


    Día treinta de noviembre de 1936. En el martirologio cristiano se inscribirán diez nombres de otros tantos sacerdotes sacrificados por odio a Cristo, por los émulos de Nerón y Diocleciano. Las circunstancias que rodean este espantoso crimen, arrancan el antifaz a la revolución, dejando de manifiesto los móviles de los modernos perseguidores que, más hábiles que los Césares Romanos, saben que para arrancar la fe, no es necesario matar a todos los creyentes, basta exterminar el sacerdocio y se acabó la religión. Por eso en este hecho vandálico, calificado de monstruoso por los mismos izquierdistas, no vemos turbas de forajidos incontrolados que asaltan un domicilio y raptan a la víctima para experimentar el placer de matar; ni la sentencia de un tribunal que para visos de legalidad inculpa al reo delitos no cometidos; ni siquiera el truco de conceder la libertad a un preso para que a la salida unos desalmados, de antemano preparados, se apoderen de él y lo asesinen. No: Aquí no hay más que una orden terminante que obliga al Jefe de la Prisión, a entregar a la muerte a diez sacerdotes, única y exclusivamente por el gravísimo delito de serlo. Pero si los verdugos al infligir esta muerte en odio a Cristo, ponen cuanto de ellos exige la definición del martirio, los dignísimos sacerdotes la completan tolerándola pacientemente por amor al mismo Cristo.


    Como prueba de esta afirmación recuerdo a mis queridos e inolvidables compañeros de cautiverio, doy a conocer DOS FRASES que a la vez que han de servir de estímulo, revelan tal fortaleza de ánimo, que se agiganta a medida que crece el peligro. Una es de mi entrañable condiscípulo D. Manuel García Riquelme, párroco de Granja de Rocamora.


    Paseábamos una tarde por el angosto patio de la cárcel, avaros de los débiles rayos de sol que los altos muros dejaban llegar hasta nosotros. La conversación recaía en el peligro que se cernía sobre nosotros y en la tranquilidad de otros compañeros, más afortunados, que habían podido hurtarse con tiempo a sus perseguidores. Y mi amigo, con una sinceridad, garantizada por su natural y por la trascendencia del momento, dijo: “No les envidio; únicamente envidio a los que sufren más que yo: porque no hay mayor gloria, que padecer por la causa por la que estamos padeciendo”.


    La otra es de Juan de Dios Ponce, Administrador Apostólico. El Señor Administrador era un santo. Lo han dicho amigos y enemigos. Quien lo haya visto en la cárcel no puede dudarlo. Tan digno en la prisión como humilde en el gobierno de la Diócesis. Ve la muerte a dos palmos y se preocupa de los demás compañeros. Nada le sobra y comparte su pan con los necesitados. Cuando habla, no es el maestro que enseña, sino el amigo que consuela y fortalece; casi siempre trata del martirio, su eficacia, su poder expiatorio... Y siempre terminaba sus charlas, sencillas y amenas con estas palabras: “¡Qué felicidad! ¡De la carretera al Cielo!”.


    Con esta disposición de espíritu, no podía menos de ser la admiración hasta de sus verdugos en la hora de su sacrificio.


    Son las doce de la noche; noche de hielo, como el corazón de los que en tenebroso conciliábulo maquinan la muerte de diez inocentes. El sueño tranquilo de los reclusos, se ve turbado por el ruido de las llaves, y la voz nerviosa del vigilante de guardia que grita al penetrar en nuestra celda: “¡Esteban Zarco! ¡Eduardo Torres! ¡Juan Ponce! ¡Carlos Esquer! ¡Que se vistan para ir a Alicante a las órdenes de aquel Comité!”.


    El terror es indescriptible. Y mientras los nombrados se disponen a vestirse, resuena la misma fatídica voz del vigilante en otras celdas: “¡Vicente Blanco! ¡Jaime Soriano! ¡Manuel García Riquelme! ¡Antonio Albaladejo! ¡José Aznar! ¡Ramón Juan...!”. No ignoran que ha llegado el momento del martirio: Así lo da a entender el Señor Administrador al decir: “¡Por algo no podía conciliar el sueño esta noche!” Y luego a mi oído: “Ruegue usted a Dios por nosotros!”. Y entre el silencio respetuoso de la cárcel, desfilan por los diferentes departamentos, despidiéndose más que con la palabra con la vista, aquellos diez hombres, cuyos semblantes serenos manifestaban la posesión de las promesas del Divino Maestro: ”Si a mi me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus hermanos”. “Vosotros que lo habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis el ciento por uno y conseguiréis la vida eterna”.


    Así fueron derechos al suplicio, mientras nos quedamos los reclusos acompañándoles con el pensamiento por la vía dolorosa que habían de seguir, y elevando al cielo nuestras plegarias pidiendo les fortaleciese en el último combate. Plegarias que transcurriendo el tiempo, se iban entrelazando ante la incertidumbre del instante de su muerte con esta otra: ”¡Mártires de Orihuela, rogad por nosotros!”.

    SIERVO DE DIOS RAFAEL RAMÓN GARCÍA


    El Siervo de Dios RAFAEL RAMÓN GARCÍA, nació en la Villa de Catral el 22 de Agosto de 1896; fue bautizado por el coadjutor Rvdo. Don Ambrosio Cantó el mismo día de su nacimiento en la parroquia de los Santos Juanes. Eran sus padres Joaquín, de Callosa de Segura, y Manuela, de Catral.

    El apellido "Ramón" está arraigado en Granja de Rocamora y de allí era su abuelo paterno, pero la abuela de Benejúzar.

    Cuatro pueblos de la Vega Baja del Segura pueden gloriarse de tener algo que ver con este ejemplar sacerdote y mártir. 

    La agricultura constituía entonces, la principal ocupación y fuente de riqueza de aquellos pueblos, y en ello se empleaban los familiares de Don Rafael. Un hogar cristiano con seis hijos en el que se vivía la fe; he aquí la plataforma adecuada para el cultivo de recias virtudes, y vivero apropiado para que pudiera germinar la vocación sacerdotal de uno de sus miembros.

    Dada la precariedad de la agricultura, su padre, que era al mismo tiempo muy entendido en el cultivo y trasformación del cáñamo, decidió con la esposa establecerse en su Ciudad de Callosa de Segura, entonces capital de la citada industria.

    A la edad de doce años, el Siervo de Dios ingresó primero en el Colegio de Vocaciones de San José y más tarde, probada su vocación, en el Seminario de San Miguel de Orihuela como alumno interno, en donde terminó sus estudios con tanta brillantez que, cuando hubo acabado, dejó fama de hombre inteligente y muy dotado para los estudios.

    Ordenado sacerdote en las Témporas de Pentecostés del año 1921, celebró su primera Misa solemne el día 26 de Mayo, fiesta del Santísimo Corpus Christi en la Arciprestal Parroquia de San Martín de Callosa de Segura.

    Dispuesto para ejercer su misión sacerdotal, fue destinado sucesivamente y por este orden, como vicario de San Martín de Callosa y Capellán del Hospital de la misma Ciudad; el año 1922, coadjutor o vicario de la Parroquia de Dolores, y el año 1923 designado con el mismo cargo para la Arciprestal de Santa María de Elche, en cuyo cargo permaneció hasta el fatídico 20 de Febrero de 1936, en el que fue incendiado dicho templo.

    Signo de su prestigio, son las palabras con las que la prensa ilicitana lo presentó a la Ciudad ("La Defensa" de 5 de agosto de 1923). En Elche se granjeó generales simpatías por su carácter abierto y emprendedor, unido a la crecida actividad, propia de sus años juveniles. Aún hoy día, hay personas que lo recuerdan directa o indirectamente.

    Don Rafael era, según los testigos, un hombre alto, corpulento, amable y de amplia sonrisa; muy generoso con los pobres, atento a cualquier solicitud de los feligreses, visitador de enfermos y sobre todo amantísimo de la Eucaristía y de la Virgen María Inmaculada.

    El ilustrado y sabio cronista de Callosa Don Antonio Ballester, algún tiempo alumno suyo, no olvida que era elocuente y fogoso predicador y Don Federico Sala y otros sacerdotes de su edad como Don Vicente Alba, lo recordaron alguna vez como predicador en el Seminario de Orihuela en días extraordinarios.

    Llegada la persecución religiosa de 1936, su permanencia en Elche se hizo imposible por los tristes sucesos del 20 de febrero del mismo año, con el incendio de templos y monasterios. Retornó a casa de sus padres en Callosa de Segura, y se ocupó ayudando en diversos ministerios hasta la llegada del 18 de Julio del 1936, en cuyos días fue también asaltado, devastado y cerrado el artístico templo de San Martín.

    Recluido en su domicilio, permaneció hasta el 17 de noviembre de 1936, en que fue encarcelado e incomunicado en el hediondo calabozo del Ayuntamiento, juntamente con el joven sacerdote Don Luís Estáñ.

    El 20 de Noviembre a las tres de la tarde, según contó entre otros, Don Manuel Cagigal testigo presencial, sacaron de la cárcel a los dos sacerdotes. Una señora vecina de la cárcel recuerda a "Doña Pura", hermana de Don Rafael, siendo maltratada cuando abrazaba a su hermano, queriendo impedir que se lo llevaran; en medio de estos forcejeos, Don Rafael se mantenía sereno.

    Colmado de insultos y burlas, tanto en la prisión como en el trayecto, fue conducido en el coche de la muerte a la Garganta de Crevillente. Cuando vio los preparativos para matarle, enmudeció sorprendido, lloró recordando a sus padres y hermanos, y sólo pronunció estas palabras: "Que Dios os perdone". Su cuerpo quedó en la cuneta acribillado a balazos. Sus familiares lo recogieron y trasladaron a Callosa. Sus reliquias se guardan hoy, incrustadas en el pétreo cimiento del templo de San Martín de Callosa de Segura.

    Sólo un delito: Era sacerdote.

    DON RAFAEL, ¡RUEGA POR NOSOTROS!

    SIERVO DE DIOS RAMÓN DONATE GÓMEZ

    Asignado a la Parroquia Santa Justa de Orihuela.

    Como prueba palmaria del "odium fidei" que caracterizaba a los perseguidores de nuestras víctimas sacerdotales es la elección de la fecha del sacrificio en la Vigilia de Navidad.

    Cuando el mundo cristiano celebra con paz y alegría el nacimiento del Redentor evocando el canto evangélico de Paz en la tierra..., cuando incluso los no cristianos asisten respetuosos a participar (como en la India) en la fiesta mayor del "Dios de los cristianos", nuestros feroces asesinos, envenenados por el odio, eligen la tarde-noche del 24 de diciembre, cuando las campanas de todo el mundo repican a gloria para consumar su crimen...

    ¡Dios tenga misericordia de estos desventurados, y algún día arrepentidos puedan en el Cielo acompañar a sus víctimas...!

    Una de ellas fue Don Ramón Donate Gómez, nacido en Orihuela en 1891, en el seno de una familia muy piadosa.

    En tan sano ambiente, escuchó la llamada de Dios, ingresando en el Seminario y cursando los estudios con notable aprovechamiento.

    Ordenado sacerdote, ejerció su ministerio en los primeros años como adscrito en la Parroquia de las Santas Justa y Rufina de Orihuela y capellán de la ermita de la Campaneta, cuidando pastoralmente de su caserío.

    Por conveniencias familiares y personales, se trasladó e incardinó en la Diócesis de Málaga, en la que durante varios años ejerció el ministerio. Allí sufrió los incendios y saqueos de mayo de 1931, pues Málaga, en este aspecto, fue de las ciudades más castigadas de España.

    Al estallar la revolución de 1936, se refugió en su ciudad natal, donde fue detenido y encarcelado hasta el ¡¡24 de diciembre!!

    En dicha fecha, en unión de cuatro víctimas sacerdotales lo ejecutaron en las cercanías de Murcia, en cuyo cementerio sepultaron su cadáver que, posteriormente, fue trasladado a Orihuela el 9 de julio de 1939.

    SIERVOS DE DIOS RICARDO E ISOLINA MAESTRE OLCINA


    Os ofrecemos el martirio de tres hermanos, dos sacerdotes José Luis y Ricardo y el de la hermana de ambos Isolina, naturales de Elda.

    En concreto hoy os hablamos de Ricardo e Isolina por haber recibido el martirio en un mismo acto.

    Ambos hermanos nacieron en Elda, Ricardo el día 23 de marzo del año 1876 e Isolina el 27 de abril de 1887.

    Isolina era la menor de los hermanos y permaneció soltera. Ricardo, inclinado al sacerdocio, como su hermano José Luis, ingresó en el Seminario de la Purísima Concepción de Orihuela, cursando hasta el segundo de Filosofía.

    Destacó por su piedad y aplicación al estudio. Sintiéndose llamado por Dios a una vocación más alta, previa licencia de los superiores, marchó al Seminario Misionero de Burgos, finalizando sus estudios y recibiendo la Ordenación Sacerdotal el 11 de abril de 1910.

    En calidad de Misionero fue enviado por la Congregación de Propaganda Fi­dei a Méjico, en donde le dieron el cargo de Vicario de la Parroquia de San Andrés de Chalchicomula, Diócesis de Puebla, donde permaneció varios años. Pero desatada la cruenta persecución religiosa del presidente Plutarco Elías Calles, fueron expulsados to­dos los misioneros españoles e incluso cerrados los seminarios.

    Regresado D. Ricardo a la Madre Patria en 1921, fue destinado a la parro­quia de Chinorlet, y en 1925 a la parroquia de Elda para ocupar una de sus vica­rías.

    Al advenimiento de la República en 1931 sufrió el asalto de la parroquia, que posteriormente fue restaurada.

    Al estallar el 18 de julio, con los ataques a las personas religiosas y templos, en unión de su hermana Isolina, que le cuidaba, huyeron a Alicante, ocultándose en un piso, pero descubiertos por algunos milicianos de Elda, al anochecer del día 9 de septiembre de 1936, irrumpieron en su domicilio, y les obligaron a subir al coche de la muerte, que les condujo al “Portichol” de Monforte del Cid. Junto a la carretera, asesinaron a ambos. A Don Ricardo le dispararon bajando del coche, y a su hermana que, asustada por el asesinato había gritado “¡Ave María Purísima!”, la remataron después, no sin antes haber abusado de ella, al decir de los pasajeros de La Noveldense que reconocieron a los dos hermanos.

    Sus cadáveres permanecieron en la cuneta hasta ser recogidos por sus familiares. Heroico fin de un misionero y de su hermana, cuyo único delito era cuidarle.

    Se desconoce hasta ahora el paradero de sus restos, aunque se nos dice que están en el cementerio de Elda.

    SIERVO DE DIOS JOSE LUIS MAESTRE OLCINA Cura-párroco de Algueña


    Si en el número anterior de nuestra “Noticias Diocesanas” expusimos el relato de la muerte violenta de los hermanos Ricardo e Isolina, hoy puedes conocer la tragedia del hermano mayor de ambos Don José Luis Maestre Olcina, párroco de Algueña.

    Nació Don José Luis en Elda el día 30 de enero de 1862, hijo de José Luis y de Isolina. 

    Terminados sus estudios en el Seminario diocesano de Orihuela, fue ordenado sacerdote el día 29 de Febrero de 1896.

    Su primera intención fue servir al Ejército Español como sacerdote castrense en Cuba o en Filipinas. 

    En nuestra Diócesis ocupó los cargos de Coadjutor de Petrer, y más tarde de Santa Ana de Elda, única parroquia de la Ciudad. 

    Como Capellán de las Hermanas Carmelitas de Callosa de Segura, se trasladó a dicha Ciudad y posteriormente a Casas del Señor, cerca de Monóvar, como cura-ecónomo. 

    En el Concurso Parroquial de 1917, previa oposición, fue nombrado párroco de Albatera, y pasado algún tiempo fue trasladado a Algueña. 

    En esta parroquia, como en sus cargos anteriores, desarrolló una gran labor pastoral, que aún recuerdan los mayores. 
     
    En Algueña, le sorprendió la revolución y lo convirtió en una de sus víctimas. Detenido, obligado a despojarse de la sotana y encarcelado, una mujer le obligó a salir al balcón del Ayuntamiento para que lo vieran de paisano y fuera objeto de toda clase de injurias y burlas. 

    Dotado con un salvoconducto, se trasladó a Novelda en el autobús de línea pero a mitad de camino, unos milicianos subieron al autobús y registrada su maleta lo descubrieron como sacerdote. 

    Encarcelado en la antigua iglesia y casa parroquial de San Roque de Novelda, convertidas en cárcel del partido, en la noche del 13 de septiembre de 1936 junto con otra víctima, fue sacado de la cárcel y asesinado en la cuneta de la carretera de Novelda a Monóvar cerca del cementerio de Novelda.


    SIERVO DE DIOS ALFONSO MOYA ROGEL

    Nació en Orihuela el año 1893.

    Estudió en el Seminario de San Miguel, costeando sus estudios con el trabajo personal que realizaba a causa de la pobreza familiar.

    Ordenado sacerdote en 1917.
    Poco después, por su excelente voz, mediante concurso fue nombrado Salmista de la Catedral.

    Años después, también por oposición, Beneficiado-Sochantre de la misma, cargo que desempeñó con verdadera vocación y espíritu de sacrificio. Su voz llenaba el templo. También servía en calidad de Sochantre a la Parroquia de Santa Justa.

    Era hombre activo por naturaleza.

    En su trato era jovial, e instintivamente, comunicaba su buen humor a los compañeros. Su repertorio de anécdotas, adagios y chistes, hacía gratas las conversaciones.

    En la Federación de Sindicatos Católicos colaboraba con eficacia con D. Ramón Barber, y por su interés y entrega en las tareas cristiano-sociales mereció el odio de la impiedad que finalmente le conduciría al paredón.

    Era militante o afín al tradicionalismo, lo cual puede extrañarnos en 1991; pero hay que trasladarse al ambiente de la época (persecución religiosa y carencia de patriotismo) para comprender a quienes lucharon por altos ideales, exponiendo sus vidas por nobles causas.

    Con tales antecedentes, a nadie extrañará que figurara entre los primeros en lista para eliminar...


    Surgida la contienda, fue encarcelado el 28 de septiembre de 1936, y tras ser trasladado a la Prisión Provincial de Alicante, mereció ser condenado a muerte en idénticas circunstancias, antes enumeradas, de D. Ramón Barber.


    Ejecutado el día de la Inmaculada, fue también contado entre sus mártires.

    Sus restos, depositados en el cementerio de la capital, fueron honoríficamente trasladados a Orihuela en 1939, y tras las solemnes exequias, inhumados definitivamente en el de su querida ciudad natal.

    SIERVO DE DIOS PASCUAL PÉREZ MIRA


    En el pueblo de Monforte del Cid, el año 1875, vino al mundo Don Pascual Pérez, de padres modestos y cristianos.

    Todavía niño, ingresó en el Colegio de San José de esta ciudad, para pasar, después de algunos años al Seminario, donde prosiguió con notable aprovechamiento los estudios eclesiásticos.

    Ordenado sacerdote  en 1902, previo concurso, obtuvo en 1906 el curato de Benejuzar, que administró con celo hasta el año 1916, en el que también, mediante concurso, fue promovido al curato de Pinoso, que desempeñó con el mismo celo hasta  1922, en que fue nombrado por el Gobierno de S.M. el Rey, Canónigo de esta Catedral.

    En todas partes dio muestras inequívocas de su amor a la justicia social, a la Patria y a la Religión, que fueron sus tres objetivos predilectos.

    El año 1926 fue nombrado Profesor del Seminario donde, con diligencia y competencia, desempeñó las cátedras que le fueron confiadas.

    Tambien el Señor Pérez fue orador notable; hablaba desde la cátedra sagrada con dominio de fondo y corrección de forma acerca de los temas que se proponía desarrollar, que eran siempre los más provechosos para el auditorio.

    Era buscado, como orador, en ocasiones solemnes. En la Catedral suplía frecuentemente y con dignidad a varios oradores prebendados.

    Desoyendo los consejos de los buenos amigos, por no abandonar a su anciana madre, permaneció en casa sin ocultarse hasta el día 14 de diciembre del infausto año de 1936, en el cual fue detenido por los milicianos y conducido al “desorden público”, donde permaneció con otros cuatro compañeros hasta la noche del 24 del mismo, víspera de Navidad, en la cual fueron sacados y conducidos a varias direcciones.

    Nuestro biografiado fue llevado hacia Poniente, habiendo sido casi degollado por los verdugos junto al puente del Reguerón, entre Beniel y Zeneta.

    Fue después conducido su cadáver al cementerio de Murcia, donde recibió sepultura.

    Su género de martirio nos lo ha testificado una señora, Nieves Estruch, que juntamente con sus familiares los primeros días del mes de enero del año 1937, se personó en dicho cementerio y, mediante una gratificación, obtuvo del sepulturero la exhumación del cadáver, en el cual, bien identificado, descubrió las huellas inequívocas del martirio que le hemos atribuido.

    El año 1940 fueron trasladados sus restos al cementerio de su pueblo natal, donde descansan.

    SIERVO DE DIOS RAMON BARBER HERNÁNDEZ


    Nació en la villa de Benferri en el año 1893.

    Desde niño residió en Orihuela, ya que su padre se trasladó a la Ciudad Episcopal por ser empleado de la Caja de Nuestra Señora de Monserrate.

    A los doce años ingresó en el Seminario de San Miguel donde, con aplicación y aprovechamiento, cursó los estudios de Latín, Humanidades y Filosofía.

    A propuesta del Claustro de Profesores marchó a Roma para proseguir sus estudios en la Universidad Gregoriana; pero por diversas causas, entre ellas el inicio de la Primera Guerra Europea, tuvo que regresar a España, prosiguiendo en el Seminario sus estudios teológicos.

    Finalizados éstos marchó a Valencia, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología.

    Ordenado sacerdote, fue nombrado Coadjutor de San Miguel de Salinas y, poco después, Profesor de Filosofía en el Seminario, y previa oposición, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral.

    El Prelado, Dr. Plaza y Blanco, le nombró Familiar suyo, responsabilizándole de varias tareas diocesanas, que desempeñó a satisfacción de todos.

    Por aquellos años, Orihuela, como el resto de España, a consecuencia de la finalizada Guerra Mundial sufrió una gran crisis social, con radicalización de las masas obreras y signo anticristiano.

    La gran asignatura pendiente de la Iglesia era la cuestión social y se necesitaban apóstoles para organizar el mundo del trabajo, conforme a la doctrina social de la Iglesia. D. Ramón Barber descubrió en ello su gran vocación, y se lanzó con valentía a este ministerio realizando una labor intensa en la Federación de Sindicatos Obreros Católicos, que agrupó en la ciudad y huerta, a centenares de obreros y campesinos.

    La respuesta del campo contrario no tardó en llegar, y radicalizadas las posturas se entabló una guerra fría que en futuros tiempos, no lejanos, sería sangrienta.

    El órgano semanal de la Casa del Pueblo «Renacer» atacaba despiadadamente a D. Ramón, que era el alma del Sindicato Católico, y por respeto a las buenas letras no consigno los insultos que se le dirigían; por su parte, el órgano del Sindicato, «Pueblo», respondía valientemente y ridiculizaba cuanto podía a sus adversarios.

    Durante la 2da. República se endurecieron las posturas, las rivalidades se convirtieron en odios y se mascaba la tragedia.

    Con ocasión de la intervención anticlerical del «Cura Morales» en el Teatro Circo, rebatida rotundamente en el Semanario «Pueblo» y el choque violento en pleno colegio electoral de D. Ramón Barber con D. Ginés Ganga, candidato a Cortes del Frente Popular, la tensión llegó al rojo vivo... (1).

    Iniciada la Guerra Civil, los primeros odios se cebaron en D. Ramón que fue encarcelado y posteriormente trasladado a la Cárcel Provincial de Alicante.

    En un juicio semejante al de Jesús en el Viernes Santo, con parecidas acusaciones: «enemigo del pueblo», «de la República», «perturbador del orden público», «enemigo de los obreros», «cómplice del Alzamiento»... y cuanto el lector pueda imaginar,  fue condenado a muerte en unión de su fiel colaborador en el Sindicato, D. Alfonso Moya.

    ¡El 8 de diciembre! se cumplió la sentencia en el patio de la Prisión Provincial, y fueron ejecutados quienes desde el primer momento, el pueblo les denominó: LOS MÁRTIRES DE LA INMACULADA.

    La víspera de su muerte, a modo de testamento espiritual, escribió y entregó a sus familiares la siguiente carta:

    “Muero por Dios, como El murió por mí.
    Estoy muy sereno y muy tranquilo.
    Dios me ha concedido lugar y tiempo para bien disponerme al último viaje.
    Creo y tengo la seguridad que iré al cielo; seré feliz por toda la eternidad.
    Muero por Cristo y por defender a los obreros.
    No estoy arrepentido de mi conducta ni de haber defendido a los obreros, pues si mil veces viviera igual lo haría.
    Soy inocente, como todo el pueblo lo sabe y podrá apreciarlo.
    Perdono a mis enemigos y no les deseo ningún mal. Mis saludos a todos. Sólo pido a los obreros que se acuerden y recen por mí.

    ¡VIVA CRISTO OBRERO!

    Firmado: Ramon Barber”

    -------------------------------------------------------------------

    En unión de D. Ramón Barber y D. Alfonso Moya, también fueron fusilados los obreros Francisco Ros Lorca, Alonso Cases Valero y Antonio Esquer Balaguer, que con él defendieron la misma causa.

    La obra postrera y quizás la más excelsa por su gran finalidad y contenido social, fue la fundación en el año 1935 del Instituto Social Obrero, que inició sus clases el 1 de marzo, con la misión de formar verdaderos paladines del movimiento católico obrero, mediante el estudio de las encíclicas Rerum Novarum y Quadragésimo anno, de León XIII y Pío XI.

    Aunque el trato con sus amigos, los obreros, le ocasionaba con frecuencia la enemistad con los patronos, fue tal la identificación de Ramón Barber con la causa de los obreros, que llegó a convertirse en su amigo incondicional, integrándose en sus hogares y participando siempre en sus alegrías e infortunios

    ¡Gran humanidad la de D. Ramón!

    (1) Datos procedentes del libro «Héroes de la fe» de Mons. J. Espinosa, de la Hemeroteca de la Biblioteca Pública de Orihuela, Revista OLEZA de 1991 (D. Joaquín Ezcurra y testimonios de amigos y conocidos). Gratitud a D. Joaquín Ezcurra por su interesante documentación.

    SIERVO DE DIOS DON DANIEL JOVER MIR


    Nació en el pueblo de La Romana en el año 1887.

    Tras cursar los estudios en el Seminario de San Miguel de Orihuela y recibir el Orden Presbiteral, fue destinado Coadiutor de Rojales y posteriormente de Pinoso.

    Se distinguía por su caridad, siendo muy querido de la gente pobre y sencilla.

    Nombrado cura de Salinas, dejó muy buen recuerdo en los años de su permanencia.

    Por motivos familiares, solicitó y le fue concedida la incardinación en la vecina diócesis de Cartagena. Su destino fue la importante parroquia de San Juan de Albacete, convertida hoy en Catedral del mismo nombre.

    Su labor pastoral fue admirable, ya que por su desprendimiento y caridad, atrajo las voluntades, incluso de quienes militaban en campo contrario. Como afirma su biógrafo (1) «nadie que llegase a él para exponerle alguna necesidad regresaba con las manos vacías». D. Daniel lo daba todo.

    Era público en la parroquia que, sobre todo en días de invierno, recogía a pobres mendicantes para acompañarlos a la tahona, donde les regalaba un pan a cada uno.

    Tras la revolución del 18 de julio, en la ciudad de Albacete y en sus primeros días, triunfó el alzamiento militar; pero vencedoras las tropas republicanas, la represión fue dura y los ánimos estaban muy excitados.

    Aunque la iglesia no intervino absolutamente en la contienda, tanto los templos como los sacerdotes estaban amenazados, por lo que D. Daniel, en busca de una probable seguridad, quiso marchar a su pueblo natal.

    Encontrándose en la estación de Albacete, al registrar su sencillo equipaje encontraron su sotana, siendo detenido por tan grave delito y conducido al Ayuntamiento. Horas después, ante los numerosos conocidos que testificaban en su favor, quedó en libertad, marchando a su casa.

    Pero el 9 de septiembre de 1936, de madrugada, unos milicianos irrumpieron en su domicilio y forzándole a subir al coche, le asesinaron en el kilómetro 8 de la carretera de Murcia.

    (1) Monseñor J. Espinosa en “Héroes de la Fe”

    SIERVO DE DIOS DON MANUEL GARCIA RIQUELME


    “Fueron sus padres honrados y piadosos artesanos naturales de esta ciudad de Orihuela, donde nació también nuestro biografiado el año 1902. Su padre, además de carpintero habilidoso, fue por muchos años portero del Palacio Episcopal a cuya sombra debió sin duda despertarse la vocación al estado eclesiástico de su hijo Manuel, quien empezó los estudios correspondientes en temprana edad en el Seminario de S. Miguel, primero en clase de externo, después en la de interno.

    Hizo la carrera con laudable aprovechamiento y en su virtud consiguió, previos los oportunos trámites, la Licenciatura en Sagrada Teología en el Seminario Pontificio de Valencia.

    Dotado de una forma elegante y de un carácter amable, así como fue de todos estimado como estudiante, lo fue después como sacerdote, dignidad que recibió en 1928, captándose el aprecio de todos los pueblos donde ejerció el sagrado ministerio, que fueron sucesivamente Salinas, La Marquesa, Torremendo y Granja de Rocamora.

    En todos estos pueblos bien se puede repetir del Sr. García aquello de la Sabiduría: "Fue amado de Dios y de los hombres".

    Mas, a tan benemérito sacerdote no podían perdonarle los enemigos de la Religión. Al producirse el glorioso Alzamiento hubo de refugiarse en esta ciudad, donde fue detenido por los satélites de la República y encarcelado juntamente con otros 9 sacerdotes.

    Su comportamiento en la cárcel fue digno de un sacerdote: no sólo se manifestó resignado en sus padecimientos sino que envidiaba a los que padecían más que él a causa de la Religión. Sus deseos se vieron coronados. La noche del 30 de noviembre, a hora intempestiva, fue sacado con los demás compañeros de sacerdocio por un grupo de esbirros, quienes obligaron a aquéllos a ocupar inmunda camioneta con pretexto de  tener que prestar declaración en Alicante; en realidad fueron conducidos a las inmediaciones del cementerio de Elche, donde fueron sacrificados y luego sepultados sus gloriosos restos.

    El día 9 de julio de 1939 todos estos sagrados despojos fueron trasladados triunfalmente a esta ciudad, donde fueron honoríficamente recibidos por todas las clases sociales y, finalmente, depositados en su cementerio, donde descansan.



    (Del Folleto de 61 páginas "Héroes de la Fe", escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

    SIERVO DE DIOS DON JERONIMO VERGEL CASES


    “En el año 1884 y en la villa de Rojales nació D. Jerónimo Vergel, quien a los doce años ingresó en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José, de Orihuela, para luego cursar los estudios con notas brillantes en el Seminario de San Miguel.

    Recibido el Presbiterado en 1908, ejerció su ministerio parroquial sucesivamente en Pinoso, Almoradí y Rojales, en calidad de Coadjutor.

    En el año 1911 opositó con éxito al Cuerpo de Capellanes Castrenses, permaneciendo en él hasta el año 1931.

    Con los correspondientes ascensos y cumpliendo muy dignamente su ministerio alcanzó la graduación militar de Comandante.

    El Benemérito Cuerpo de Capellanes Castrenses, casi en todas las naciones, incluidas las hasta ahora de la Europa del Este, marxista, asiste espiritualmente a la tropa y oficialidad de los distintos ejércitos. Su condición militar les prestigia ante los soldados, y su proyección moral y espiritual, ejercen un influjo benéfico en la juventud castrense que tanto los necesita.

    El Gobierno de la 2ª Republica, demoledor de tantas instituciones religiosas, disolvió el clero castrense suprimiendo todos los servicios religiosos en los cuarteles.

    El postrer destino militar de D. Jerónimo en su calidad de Capellán Castrense, fue el Hospital Militar de Mahón, donde le sorpendió la supresión de la Diócesis y Cuerpo de Capellanes Castrenses.

    Reintegrándose a su jurisdicción diocesana original, fijó su residencia en su pueblo natal.

    Al estallar el movimiento y notando que el ambiente de la villa le era hostil, la abandonó y pensó refugiarse en Cartagena, esperando ser respetado por su condición militar. Más lo que de suyo era un honor, en tales tiempos constituía un serio peligro, siendo detenido y conducido a Alicante, en cuyo Reformatorio fue encarcelado (1).

    Sin juicio ni interrogatorio alguno que sepamos, a consecuencia del llamado “bombardeo de las ocho horas”, que tuvo lugar el 28 de noviembre de 1936, y en represalias por el mismo, fue al día siguiente sacado de la cárcel, en unión de numerosas víctimas, y ejecutado en las tapias del cementerio municipal. Posteriormente finalizada la guerra, sus restos se trasladaron al cementerio de Rojales”.

    (1) Datos extraídos de «Héroes de la fe», de D. Joaquín Espinosa; «Persecución religiosa en España», de Antonio Montero, 1961, y de D. Manuel Vicente Linares, Capellán de 1.ª Castrense (jubilado).

    SIERVO DE DIOS CARLOS ESQUER MIRA


    Hijo de padres cristianos y modestos, vino al mundo el 1875, y, secundando el divino llamamiento en condición de alumno externo, estudió los cursos de Latín y Humanidad en el Seminario Diocesano de S. Miguel, en donde, como interno, prosiguió luego los estudios de Filosofía y Teología, al fin de los cuales recibió el grado de Licenciado  en el Metropolitano de Valencia; y poco después fue nombrado profesor de éste en la Purísima Concepción, donde desempeñó satisfactoriamente sucesivas cátedras de Latín y Filosofía.

    En 1910 el Gobierno de S. M. le nombró Arcipreste de la Catedral de Plasencia y, después de algunos años, lo trasladó a la Maestrescolanía de Sigüenza y, finalmente, el año 1916 al Arcedianato de Orihuela.

    El señor Cavero, durante su Vicaría Capitular, lo nombró Administrador del Acervo Pío Diocesano, cargo que con rectitud e inflexibilidad matemática ha desempeñado hasta su muerte, ocurrida en las mismas circunstancias que la de los dos anteriores.

    Confiaba mucho en sus familiares, muchos de los cuales real o aparentemente militaban en el sector izquierdista; pero unos y otros lo abandonaron en la hora del peligro, habiendo exclamado, lleno de extrañeza, al oír a los forajidos pronunciar su nombre: “¿Yo también?”

    Esta es la piedad republicana o, mejor dicho, este es el odio republicano a los sacerdotes, que no perdona ni a los suyos.

    (Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Dr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

    SIERVO DE DIOS EDUARDO SORIA MARCO


    Hijo de padres buenos y modestos, abrió sus ojos a la luz don Eduardo Soria en esta ciudad el año 1874.

    Su carácter sencillo y trato jovial le granjearon las simpatías de cuantos le conocieron, viniendo a ser una institución popular.

    En condición de fámulo cursó sus estudios en el Seminario de la Purísima Concepción, al fin de los cuales, en 1899, fue ordenado sacerdote y enviado de Coadjutor a Bigastro, donde permaneció sólo dos años, viniendo luego a ocupar la plaza de Sacristán Mayor de la Catedral y Confesor del Cabildo, cargo que desempeñó con la sencillez en él característica hasta el 1935, en que el Rvdmo. Prelado, en atención a su edad y queriendo procurarle algún descanso, le nombró Capellán del Asilo, dotándolo de congruos emolumentos para que terminara su vida con decoro.

    Así las cosas, estalló la revolución que no perdonó a este humilde sacerdote, cuya caridad en orden a socorrer al prójimo le creó verdaderos conflictos pecuniarios, sino que después de haberlo arrancado del lado de sus hermanas, cuyo único sostén era, lo encarcelaron y arrebataron la vida en las cercanías del cementerio de Crevillente, dejando a aquellas en la mayor indigencia. ¡Filantropía roja, cuyo ideal es el odio a Cristo, a quien el señor Soria representaba!


    (Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

    SIERVO DE DIOS EDUARDO TORRES LOZANO


    Hijo de cristianos y modestos comerciantes, vio don Eduardo la luz primera en Orihuela el año 1877.

    No tardó mucho en manifestarse en él la vocación al estado eclesiástico, pues apenas pasados los años de la infancia en ejercicios de piedad al lado de sus virtuosos padres, empezó como alumno externo en el Diocesano de San Miguel los estudios enderezados al sacerdocio, que terminó en 1901, en el cual recibió el presbiterado.

    Una vez ordenado sacerdote fue designado Coadjutor de Bigastro, cargo que desempeñó por algunos años hasta que, mediante el oportuno examen, fue nombrado Capellán de la Misa de seis y media y 2º Maestro de Ceremonias de la S. I. Catedral. Lo que no debe extrañar, porque si bien el Señor Torres era
    Sacerdote de escaso talento y de modestas facultades, sin embargo, era una persona de fino trato social y de exquisitos modales, unidos a una gran seriedad de procedimientos y a una conducta moral intachable.

    Obligado el Iltmo. Cabildo Catedral a suprimir el cargo de 2º Maestro de Ceremonias por la reducción de gastos que impuso la supresión del Presupuesto Eclesiástico decretada por la República el año 1936, el Sr. Torres fue nombrado Coadjutor Auxiliar de la Parroquia del Salvador, que a la sazón funcionaba en la Iglesia de la Merced, de donde ya había sido designado Capellán de la Misa de once, cargo que desempeñó con laudable exactitud.

    Una vez estallada la revolución, Don Eduardo fue una de sus primeras víctimas, siendo detenido con los otros nueve Sacerdotes, de los cuales hemos hecho repetida mención, y sacado con ellos la noche del 30 de noviembre de 1935 de la cárcel de este partido y conducido a las inmediaciones del cementerio ilicitano, donde sufrió glorioso martirio. Sus restos fueron trasladados a este cementerio Orcelitano.

    (Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

    SIERVO DE DIOS ESTEBAN ZARCO MOYA


    La ciudad de Cehegín, de la provincia de Murcia, fue la cuna de D. Esteban Zarco, el que nació de D. Antonio Zarco y Doña Josefa de Moya, el día 4 de junio de 1899.

    Siendo bautizado por su tío, sacerdote del mismo nombre y apellido, el día 9 siguiente.

    Estudió la carrera eclesiástica con gran aprovechamiento y muestras de singular virtud lo mismo en el Seminario Diocesano que en su pueblo natal durante las vacaciones.

    Fue ordenado sacerdote en la Témporas de la Trinidad en 1924 y cantó su primera misa el 27 de junio del mismo año, festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

    Desempeñó los cargos de Coadjutor de Molina del Segura, Rector de Escobar y Burete y Coadjutor del Carmen de Cartagena y, desde este cargo, vino a la Diócesis de Orihuela, en donde, previa lucida oposición, obtuvo en 1931 un Beneficio con el oficio de Sochantre en esta S. I. Catedral, que desempeñó con inteligencia y puntualidad hasta el deplorable año 1936 en que fue detenido y encarcelado con otros nueve sacerdotes, de los cuales se ha hecho frecuente mención en este blog y cuya misma suerte corrió.

    Era el Sr. Zarco sacerdote de carácter serio, de costumbres austeras y de vida ejemplar. Por la formalidad en sus actos inspiraba confianza a todos.

    (Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

    SIERVO DE DIOS FERNANDO BONET GARCÍA


    Hijo de padres laboriosos y bien acomodados, naturales de Galicia, nació Don Fernando en 1870 en Orihuela, en cuyo Seminario con carácter de alumno externo, hizo la carrera eclesiástica con bastante aplicación.

    Recibió el Sagrado Orden del Presbiterado el año 1893 y al siguiente fue nombrado Capellán de la Iglesia de la Merced, restaurada por la munificencia y desvelos del Rvdmo. Sr. Maura. Muchas mejoras y notable incremento recibió el culto de esta Iglesia durante el rectorado del Señor Bonet, hombre celoso y bien relacionado con familias ricas y piadosas.

    Tuvo especial aptitud Don Fernando para las matemáticas, la cual unida a su inflexible carácter, le granjeó el acceso a varias administraciones públicas y privadas, siendo considerado en todas ellas como autoridad en materias financieras.

    En su virtud el M. I. Sr. Dr. Don Andrés Die, siendo Vicario Capitular, lo constituyó Mayordomo del Seminario. El actual Rvdmo. Prelado lo nombró Visitador General Económico de la Diócesis, oficio que desempeñó con laudable fidelidad. También el matrimonio prócer: Don Pedro Soto y Doña Ana Cano Manuel lo nombraron albacea en su cristiano testamento, que él ejecutó después con sujeción estricta de la voluntad de los causantes. Estos también fundaron una decorosa Capellanía en la Parroquia de Santiago cuyo primer titular había de ser el Señor Bonet, quien posesionóse de ella en 1920.

    Un sacerdote de estas condiciones no podía menos de despertar la codicia y el odio de los rojos, cuyos ideales eran la Religión y el capital: aquélla para destruirla, éste para arrebatarlo.

    De hecho fue detenido el Sr. Bonet con mucho aparato de fuerza armada y lujo de precauciones en noviembre del 36; y luego puesto en libertad temporalmente, mediante una multa de muchas miles de pesetas, las cuales, una vez arrebatadas, otra vez lo encarcelaron y lo sacaron la víspera de Navidad de dicho funesto año para mayor ludibrio, al objeto de darle cruel muerte en las inmediaciones del cementerio de Crevillente, del cual fueron los restos mortales de la víctima trasladados al de esta ciudad con solemne pompa funeraria el 9 de julio de 1939.

    (Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

    SIERVO DE DIOS JAIME SORIANO GARCIA


    Capellán del Colegio Jesús y María

    “De cristianos y modestos obreros nació Don Jaime en Orihuela en 1875. Cursó la carrera eclesiástica en este Seminario de la Purísima Concepción, no pudiendo hacer grandes esfuerzos literarios a causa de su poca salud corporal.

    Ordenado sacerdote en 1899, fue enviado de coadjutor a Almoradí, donde permaneció sólo dos años por haberse acentuado sus habituales achaques.

    Vuelto a Orihuela, fue nombrado Capellán del Colegio de Jesús-María en 1901, cargo que fielmente sirvió hasta la muerte, inferida por los rojos en la fatídica noche del 30 de noviembre, del no menos funesto año 1936, juntamente con los otros nueve, de quienes hemos hecho frecuente referencia, en las proximidades del cementerio de Elche.

    Fue el Sr. Soriano sacerdote culto, bien educado y muy amante de Nuestro Padre Jesús, a quien diariamente visitaba en su Capilla de la Orden Tercera, sita en la iglesia de Santa Ana”.

    SIERVO DE DIOS JOSÉ ALONSO ROMERO


    Nació don José Alonso en la villa de Dolores, de la cual fue médico su padre, el que falleció siendo aquel todavía muy niño.

    Habiendo conseguido de la naturaleza una buena índole, esmeradamente cultivada por sus cristianos padres, adolescente ingresó en este Seminario de la Purísima Concepción, donde merced a su aplicación al estudio, fue agraciado con una de las becas fundadas por el Excmo. Guisasola.

    Ordenado sacerdeto, fue nombrado Párroco de Busot.

    Su quebrantada salud le obligó, después de algunos años, a permutar con don Antonio Sánchez, Cura de Granja de Rocamora, cuya parroquia regentó hasta 1932, en que vino a residir a Orihuela, habiendo sido nombrado Coadjutor Auxiliar de Santiago, y Capellán de la Beneficencia en 1935.

    Desempeñando este cargo sorprendió el estallido de la revolución al señor Alonso, sacerdote bien presentado, de carácter afable, suave en sus modales y atento sólo a hacer bien.

    La horda marxista, incapaz de apreciar estas buenas cualidades, lo arrancó casi de los brazos de su piadosa madre y, después de tenerlo encarcelado en el “Desorden público”, lo sacó, escoltado por un grupo de forajidos, para darle impía muerte junto a las paredes del cementerio de Crevillente. Su inconsolable y desamparada madre ha legado al Seminario los libros del hijo mártir, cuyos restos descansan en este cementerio.


    (Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

    SIERVO DE DIOS JOSÉ BELSO CASTAÑO


    En la ciudad de Las Palmas, el año 1901, nacía Don José Belso, de padres cristianos y laboriosos.

    En edad muy temprana empezó los estudios con notable aprovechamiento en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José.

    Después de cursado el 2º de Filosofía pasó al Seminario de San Miguel, donde los prosiguió con el mismo aprovechamiento, mereciendo en todos los cursos las más altas calificaciones y tomando parte muy brillante en los actos públicos literarios.

    Ordenado de sacerdote en 1925 fue nombrado Coadjutor de Cox y poco después vino al Seminario con el cargo de Catedrático de 1º de Latín, que desempeñó con habilidad y competencia, enseñando con atrayente maestría a sus discípulos los rudimentos de la Lengua del Lacio y de las Humanidades.

    Siendo Profesor fue agraciado con la Capellanía de las Religiosas Agustinas del Convento de San Sebastián, cargo que desempeñó satisfactoriamente.

    En el año 1935 fue promovido al curato de Albatera, en el cual se conquistó generales simpatías por su celo y carácter bondadoso.

    Ejerciendo este oficio le sorprendió la revolución y, en vez de continuar en la antedicha villa, creyéndose más seguro en su ciudad natal, se trasladó a ella, instalándose en su propio domicilio, donde el día 22 de julio del 36 fue detenido y conducido a la cárcel, en la que permaneció hasta el 5 de noviembre del mismo año, en que fue sacado para asesinarlo en el lugar denominado “Ermita de Santa Bárbara”, término municipal de Petrel, donde permaneció insepulto su cadáver por espacio de dos días, siendo luego enterrado, juntamente con los de otros interfectos, en el cementerio de este último pueblo.

    Todas las pesquisas practicadas para encontrar e identificar su cadáver han resultado infructuosas. Así trataron los marxistas ilicitanos a un sacerdote paisano suyo, culto y piadoso.