SIERVO DE DIOS DON JERONIMO VERGEL CASES


“En el año 1884 y en la villa de Rojales nació D. Jerónimo Vergel, quien a los doce años ingresó en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José, de Orihuela, para luego cursar los estudios con notas brillantes en el Seminario de San Miguel.

Recibido el Presbiterado en 1908, ejerció su ministerio parroquial sucesivamente en Pinoso, Almoradí y Rojales, en calidad de Coadjutor.

En el año 1911 opositó con éxito al Cuerpo de Capellanes Castrenses, permaneciendo en él hasta el año 1931.

Con los correspondientes ascensos y cumpliendo muy dignamente su ministerio alcanzó la graduación militar de Comandante.

El Benemérito Cuerpo de Capellanes Castrenses, casi en todas las naciones, incluidas las hasta ahora de la Europa del Este, marxista, asiste espiritualmente a la tropa y oficialidad de los distintos ejércitos. Su condición militar les prestigia ante los soldados, y su proyección moral y espiritual, ejercen un influjo benéfico en la juventud castrense que tanto los necesita.

El Gobierno de la 2ª Republica, demoledor de tantas instituciones religiosas, disolvió el clero castrense suprimiendo todos los servicios religiosos en los cuarteles.

El postrer destino militar de D. Jerónimo en su calidad de Capellán Castrense, fue el Hospital Militar de Mahón, donde le sorpendió la supresión de la Diócesis y Cuerpo de Capellanes Castrenses.

Reintegrándose a su jurisdicción diocesana original, fijó su residencia en su pueblo natal.

Al estallar el movimiento y notando que el ambiente de la villa le era hostil, la abandonó y pensó refugiarse en Cartagena, esperando ser respetado por su condición militar. Más lo que de suyo era un honor, en tales tiempos constituía un serio peligro, siendo detenido y conducido a Alicante, en cuyo Reformatorio fue encarcelado (1).

Sin juicio ni interrogatorio alguno que sepamos, a consecuencia del llamado “bombardeo de las ocho horas”, que tuvo lugar el 28 de noviembre de 1936, y en represalias por el mismo, fue al día siguiente sacado de la cárcel, en unión de numerosas víctimas, y ejecutado en las tapias del cementerio municipal. Posteriormente finalizada la guerra, sus restos se trasladaron al cementerio de Rojales”.

(1) Datos extraídos de «Héroes de la fe», de D. Joaquín Espinosa; «Persecución religiosa en España», de Antonio Montero, 1961, y de D. Manuel Vicente Linares, Capellán de 1.ª Castrense (jubilado).